No pudo ser. Es cierto, pero no es esta la hora de lamentarse, sino más bien de asumir la derrota y tratar de analizar, quizás sin la suficiente perspectiva, los datos electorales. En primer lugar queremos dar las gracias a esas 4.380 personas que en un contexto tan difícil como este dieron su confianza a Málaga Ahora. Merecerían no solo nuestro agradecimiento, sino también el respeto de todas aquellas personas que han concurrido a estas elecciones. En democracia hay que saber respetar también a quienes no te votan, en lugar de culparles de tus propios fracasos. Y para despejar cualquier duda: no, ni siquiera concurriendo juntos Málaga Ahora y Adelante Málaga habríamos desbancado al bloque de derechas, pues el concejal de más conseguido se lo hubiéramos arrebatado al PSOE. Si quieren culpar a alguien apunten a un tal Victor d’Hondt y no a esas 4.000 personas.

En segundo lugar, admitamos la realidad: Paco de la Torre ha concitado un apoyo mayoritario de la sociedad malagueña, seguido del PSOE. Es decir, el bipartidismo está en una forma envidiable, mejor que nunca desde 2011… y Málaga Ahora, como parte de una corriente, había llegado para herirlo de muerte. Así que lo afirmamos sin más rodeos: hemos fracasado de manera rotunda. ¿Por qué? Las razones, evidentemente, son múltiples, y no deberíamos desmerecer todo el aparato, en sentido muy amplio, que a izquierda y derecha se ha desplegado contra esta y otras candidaturas del municipalismo ciudadano. No contar con el apoyo de Podemos ha sido, sin género de dudas, otro factor clave. Nunca lamentaremos lo suficiente la desaparición de Podemos en Málaga ni su disolución en Izquierda Unida.

¿Qué ha sucedido para que entre Adelante Málaga y Málaga Ahora sumemos 17.000 votos menos de lo que conseguimos entre ambos, también por separado, en 2015? ¿Qué ha sucedido para que Málaga Ahora se descalabre y Adelante Málaga apenas se lleve unos cuantos votos de los 30.000 que obtuvimos en 2015? Por lo que a Málaga Ahora respecta no hemos sabido ilusionar a la ciudadanía, no hemos sabido convencerla de que el municipalismo era una alternativa a la vieja izquierda y al bipartidismo, no hemos sabido contrarrestar ese movimiento del PSOE que, con acierto, arrimó las generales a las municipales para aprovechar su onda expansiva. No hemos sabido, en todo caso, presentarnos como opción.

«¿Qué ha sucedido para que entre Adelante Málaga y Málaga Ahora sumemos 17.000 votos menos de lo que conseguimos entre ambos, también por separado, en 2015? ¿Qué ha sucedido para que Málaga Ahora se descalabre y Adelante Málaga apenas se lleve unos cuantos votos de los 30.000 que obtuvimos en 2015?»

Es una derrota sin paliativos. Ni siquiera hemos estado cerca. Pero es solo, para bien y para mal, una derrota electoral. Nunca hemos medido la capacidad de incidencia de un movimiento únicamente en su traducción electoral. Así que, en efecto, en el juego de la política institucional nos han ganado los de siempre, los que llevan ahí desde que nacimos, lo que una vez tras otra son elegidos por quienes votan (tan solo un 55% en Málaga). No era nuestro terreno, y lo hemos pagado caro, como se pagan las ingenuidades.

Sin embargo, no hemos perdido el impulso que nos trajo aquí, ni el convencimiento, ni la alegría, ni la potencia del trabajo colectivo. Hemos perdido unas elecciones, y nos duele, mucho, y sabemos cuántas ilusiones hemos defraudado y el oscuro destino al que nos abocan estos cuatro años próximos. Quizás nunca debimos presentarnos a ningunas elecciones. O quizás sí, porque solo de este modo sabemos ahora en qué consiste el juego por dentro, y todas nuestras hipótesis serán desde este momento elaboradas a través de la propia experiencia.

¿Qué va a suceder a partir de ahora? Ya lo habéis visto: en cuanto los plebeyos nos hemos sentado a su noble mesa se han revuelto todos juntos hasta mandarnos a las cocinas. Así que repitamos la pregunta: ¿qué va a suceder a partir de ahora? Lo de siempre, ¿no? ¿O es que acaso alguna vez nos hemos regido por los ciclos electorales? Seguimos donde siempre, lo de menos es con qué nombre. Pero no lo dudéis, «ellos» sí saben quiénes somos, y nos siguen temiendo. ¿Sabéis por qué? Porque la política para nosotras y nosotros también es un acto de amor, y de eso les falta. Hemos fracasado, nos hemos equivocado, pero no hay mayor derrota que el derrotismo. En eso, precisamente en eso, no hemos fallado. Aquí estamos. Aquí seguimos.