• El hotel tendría 150 metros de altura, lo que contradice la Estrategia Paisajística de Andalucía y un sinfín de disposiciones normativas.
  • Ni siquiera está garantizada la resistencia de la dársena, que está prevista para otros usos.
  • Las consecuencias sobre el efecto invernadero y la bahía de Málaga resultan incalculables.

La construcción de mayor impacto para la ciudad en los últimos tiempos no solo no ha reunido un mínimo consenso, sino que, por el contrario, ha puesto en su contra a multitud de organismos y colectivos: la plataforma en Defensa del Horizonte, la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, varios departamentos de la Universidad de Málaga, la Academia de las Ciencias, el Colegio Oficial de Arquitectos, Ecologistas en Acción, la Fundación ICOMOS de la UNESCO, partidos políticos y un listado enorme de personalidades han advertido del daño irreparable que construir este rascacielos tendría para nuestra bahía y paisaje.

Rosa Galindo, candidata de Málaga Ahora a la alcaldía, ha vuelto a mostrar el rechazo de su grupo a un proyecto «sobre el que se han vertido numerosas mentiras». Para empezar, ha dudado de que «siquiera se trata de un hotel». Como ha recordado, «la empresa catarí concesionaria es de carácter inmobiliario, no hostelero», y además el proyecto «supera en 26.000 metros cuadrados el techo de edificabilidad para la zona del puerto considerada de uso ciudadano».

A su juicio, se trataría de un «pelotazo», «pues la empresa catarí tiene un aval de 150.000 euros para un proyecto de 100 millones y el suelo se ha valorado a menos de 300 euros el metro, cuando el precio real supera los 2.000».

Galindo, que ha ofrecido estos datos en rueda de presa junta a la Farola, ha estado acompañada de Ysabel Torralbo, portavoz actual de Málaga Ahora en el Ayuntamiento. Precisamente, Torralbo ha señalado que la visión de conjunto de la Farola, junto a la Alcazaba, la catedral y el Castillo de Gibralfaro («al que el rascacielos igualaría en altura») pasaría a un segundo plano, al emerger «como una mole en mitad del mar». Esto, a su vez, interrumpiría la percepción del cinturón montañoso que rodea la ciudad, ha asegurado.

Una chimenea de efecto invernadero

Ángel Rodríguez, número 3 de la candidatura, ha incidido en que el rascacielos se adentra en el mar a través de una plataforma portuaria, lo que según el ordenamiento vigente no está permitido (se trata de una dársena de relleno, prevista para otros usos).

Rodríguez ha desvelado que un edificio de esta envergadura y en esa zona supondría «una verdadera chimenea de emisiones que agravarán el cambio climático», debido a la utilización de ingentes cantidades de recursos y materias primas no renovables, el incremento de producción en la fábrica de cementos y consecuentemente de la incineración de plásticos y neumáticos, «por no mencionar el aumento de la extracción de áridos y otros materiales en canteras de la provincia. No en vano la construcción representa el 40%del consumo total de energía y el 35% de emisiones de efecto invernadero».

No solo eso, sino que «sobre todo produciría un aumento de emisiones de gases de efecto invernadero a causa del ritmo de consumo y contaminación que acarrea el turismo de lujo, con un impacto medioambiental y sobre el clima ochos veces mayor que el del malagueño medio, por su inificiencia energética e imposibilidad de abastecimiento por energías renovables, uso de vehículos de alta cilindrada (con parking para 500 vehículos según el proyecto), derroche de agua e imposibilidad de su depuración y reutilización y aumento de la generación de residuos difícilmente reciclables».

Galindo ha concluido recordando que su grupo ha propuesto como una de las llaves para apoyar una investidura de cambio la realización de una consulta popular vinculante sobre la construcción de este rascacielos.